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El arribo del Diablillo 'extraviado'

Carmelo González (Cachicha), 47 años de residencia en la Península, regresa a Gran Canaria para la conmemoración de las bodas de oro del título nacional de 1962

  • DIABLILLOS
  • 28/03/2012 - 18:55
Cachica se abraza a su compañero Manolo Martín, de espaldas, a su llegada al Aeropuerto de Gran Canaria (BP y Antonio de Armas / Historia de la UD Las Palmas)

El único Diablillo Amarillo que no reside en Gran Canaria (47 años en La Península, la mayoría en Logroño) es Carmelo González 'Cachicha', quien este miércoles pisaba tierra canaria dispuesto a vivir la emoción de reencontrarse con sus compañeros del legendario equipo que el 1 de abril de 1962 se proclamó campeón de España juvenil. Cachicha (Las Palmas de Gran Canaria, 15 de julio de 1944) lleva tanto tiempo alejado que su acento es inconfundiblemente de La Rioja, algo que admite porque "todo se pega. Cuando el Teniente Iglesias, que estaba muy vinculado al Sporting de San José, me propuso ir al CD Logroñés, fui y le pregunté que dónde estaba Logroño. Me dijo que en el Norte; no tenía ni idea qué era aquello pero me gustó tanto que me quedé para siempre".

Cachicha fue recibido en el Aeropuerto de Gran Canaria por su buen amigo Manolo Martín, Martín I para los futboleros, que le introduce de nuevo en el ambiente futbolístico tan especial que se está generando en torno a estas bodas de oro de los Diablillos Amarillos. "Me formé en el equipo Argentino, de La Isleta, un club que ya ha desaparecido. Pasé por el Racing Club y Sporting de San José. No llegué a firmar por la UD Las Palmas porque de ahí me marché a la Península; estuve en el Logroñés tres años, luego traspasado por un millón de pesetas (6.000 euros) al Racing de Santander, de ahí al Rayo Vallecano, Salamanca y, cuando tenía 26 años y algunos meses, dije que el fútbol se había acabado. Hice negocios con mi familia en Logroño y allí sigo".

Cachica era el más alto de la selección diabólica de Luis Molowny. Jugaba de defensa y le tocó esperar una oportunidad en el once titular que Paco Castellano "que estaba en un gran momento" no le brindaría. "Pero más tarde jugamos varios amistosos contra la selección de Lisboa y una inglesa. Molowny", añade Martín con buena cintura mental, "le premió por su seriedad y le situó en algún partido como defensa central mientras Castellano lo desplazó a un lateral. Y Cachicha demostró que estaba a la altura de los que jugaron en la selección de Las Palmas". "Mi problema", añade González, "es que la competividad era muy fuerte, con jugadores que demostraron luego poseer un gran nivel". De hecho, Castellano acabó siendo internacional absoluto con España.

"Éramos un grupo de 21 amigos", añade Cachicha, "porque yo cuento también a los dos que salieron del equipo después del primer partido contra Tenerife. Jugábamos muy bien al fútbol. Todo fue muy emocionante. Viví la final de La Condomina en el banquillo, como si estuviera en el terreno de juego. Fue un honor pertenecer a este equipo tan formidable que significó mucho para el deporte de Las Palmas".

En Gran Canaria de nuevo besará a su madre, Bárbara Fernández Betancort, natural de Haría (Lanzarote) quien en un par de meses cumplirá los cien años de edad. "De los Bentacort, sí; como el portero Antonio, también de Lanzarote. En realidad somos familia", culmina.

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Cachica se abraza a su compañero Manolo Martín, de espaldas, a su llegada al Aeropuerto de Gran Canaria (BP y Antonio de Armas / Historia de la UD Las Palmas)
Manolo Martín y Cachicha González, en el Aeropuerto de Gran Canaria (BP)