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Fabio y Miguel; botas y pizarra

Son hermanos, proceden de Ingenio y coinciden en la UD Las Palmas como jugador (de Las Palmas Atlético) y técnico (de alevín de la Liga Promesas). Su futuro viene escrito en amarillo y azul

  • GENTE CON DUENDE
  • 19/06/2017 - 18:30
Fabio y Miguel; a la izquierda en la actualidad; a la derecha, más de una década atrás, en Sardina del Sur (C. Torres y Archivo González)

Manuel Borrego

Dos hermanos vienen con pisada fuerte en la estructura de cantera de la UD Las Palmas, con un raro rol entre ambos: Miguel y Fabio se llevan siete años de distancia pero uno eligió el sendero de los banquillos (actualmente dirige al alevín amarillo, el de la Liga de Promesas) y el benjamín de la casa ya es futbolista de Las Palmas Atlético, protagonista del último ascenso a la Segunda División B.

Fabio y Miguel, botas y pizarra. Hermanos cochineros, de Ingenio y aficionados al CL Maninidra. Los ojitos de Miguel González y Dominga Estupiñán. Los varones de la casa con un futuro en amarillo y azul porque ambos son altamente considerados en la estructura del club.

Fabio (12 de febrero de 1997) se enganchó al fútbol viendo los partidos de su hermano Miguel (24 de marzo de 1990). "Era lateral derecho, aunque luego se fue transformando. Yo acompañaba a mi padre, que era tesorero del Ingenio. Íbamos a verle hasta que me tocó también a mí dar patadas al balón", resume Fabio.

Miguel colgó las botas muy temprano. "Tuve que elegir entre entrenar o jugar. Me gustaba mucho el mundo de los banquillos". Por ello llegó a dirigir a su hermano en dos temporadas cuando, siendo asistente del técnico Miguel Ángel Ramírez (hoy en Qatar) coincidieron los hermanos González en edad cadete de Fabio.

"Miguel es entrenador desde los 17 años. Le conozco bien. Y se está transformando. Antes era en el banquillo más tranquilo, ahora ha tirado por el cholismo", indica con cierta gracia para ilustrar el grado de intensidad del González técnico.

Fabio es jugador de fútbol y también estudiante universitario: relaciones laborales y recursos humanos. "Supongo que algún día me podría valer. De momento mi futuro es el fútbol".

Le augura Miguel un porvenir. Habla como técnico esta vez. "Fabio es muy inteligente en el campo. Es su mayor virtud. Tiene mucho margen de mejora pero estoy seguro que le veré en la UD Las Palmas y en Primera División".

Porque "esta temporada ha sabido adaptarse a los cambios. Ha pasado a una competición más exigente como es la Tercera. Y lo ha hecho con soltura. Por su naturaleza ha sabido encajar en los planes de Manuel Márquez".

El centrocampista fue debutante esta pasada temporada en la Tercera División, después de cumplir su ciclo como juvenil de la UD Las Palmas. Su aparición para el centro del campo fue determinante. Jugó desde su estreno hasta el día de Tafalla. "Me llevo un gran recuerdo de este primer año con Las Palmas Atlético. Jugué todo y, curiosamente, los dos partidos en que no actué los perdimos. Es un dato de los de Tinta Amarilla (apúntalo): Diego Parras y yo tenemos esta coincidencia".

Al margen de lo anecdótico, "he aprendido mucho este año. Estoy muy ilusionado con participar en la Segunda B y, ¿quién sabe?, si me llaman para la pretemporada del primer equipo ... Pero ya estoy trabajando porque la nueva categoría del filial es muy exigente y tengo que estar a la altura a nivel físico".

Cree Miguel que su hermano menor ha sabido seguir al pie de la letra uno de sus consejos como amigo y técnico. "Siempre le digo que intente ver al entrenador como un amigo, como una persona que trata de ayudarle para mejorar su juego. Me hace caso. Fabio es humilde, disciplinado y muy sacrificado en el campo. Tiene vocación de equipo. Y por todo eso y más llegará a su objetivo".

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