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Contracrónica

Ambicioso matagigantes

El Gran Canaria ha dejado de ser un dolor de muelas para Pablo Laso y el Real Madrid, este viernes se convirtió en una caries completa que no pudieron remediar

  • CBGC CAMPO ATRáS
  • 22/09/2017 - 21:46
Fichero machaca el aro madridista, este viernes en el Gran Canaria Arena (C. Torres)

Manuel Borrego

Hace tiempo que el Gran Canaria viene dejando de ser un dolor de muelas para los grandes trasatlánticos del baloncesto en España. Este viernes, en la semifinal de la Supercopa fue una caries completa para el Real Madrid. A Pablo Laso le dolía por todas partes. No tenía remedio en su botiquín ante un equipo que, como hiciera la pasada temporada en Vitoria, salió a todas para reventar cualquier pronóstico basado en la teoría.

El sufrimiento de los madridistas era una gozada para los grancanarios. Por primera vez se va a presentar el Gran Canaria en una final organizada en la isla. No tiene que ver ya estas victorias con aquellas que inició en los noventa Pedro Ramos, al recoger un rebote que hizo estallar el graderío del Centro Insular de Deportes. Este Gran Canaria, si es capaz de expresarse con tanta personalidad durante los meses de competición, puede convertirse en el aspirante silencioso del campeonato.

La plantilla organizada para el segundo año de gestión de Luis Casimiro tiene muy buen aspecto y, en su presentación ante los aficionados isleños, ha dado un golpe de autoridad notable. Dos jugadores por puesto, mano osada en el exterior, piezas que acaban de llegar y parecen integrados desde hace meses, Paulí que despierta, Seeley que el mismo de la primera etapa, Oliver eterno, Mekel con más sangre que McCalebb, ... Y dos 2,17 dispuestos a convertir la zona en el WTC de la isla.

El Gran Canaria pasó a final con todos los honores, divirtiendo y divirtiéndose. Pasó por encima del Real Madrid sin perder el respeto a un rival que obviamente va a dar mucho más con el paso de los meses, con el rodaje y con el superplantel al completo. El Real Madrid lo dio todo, se hundía en la pista para encontrar un calmante al dolor bucal. No dudó en sacrificar a su joven estrella, Doncic, colocándole muchos minutos en juego para reducir o jugar con los nervios de tan atrevido adversario.

La reacción volcánica del Madrid en el último cuarto, colocándose a cinco puntos de desventaja, subrayó aún más el triunfo de los isleños que entonces mostraron sin titubear el registro que puede llevarles otra vez al título: responder a la presión con las armas de un equipo ganar: arrojo ante la intimidación.