Publicidad
Publicidad
  • Publicidad

Álvaro/Ismael: El valor de la sangre

Por Norberto González Mencara

  • TOQUE POR DENTRO
  • 21/01/2018 - 15:24

Han sido muchos los amigos y compañeros que me han asaltado estos días para preguntarme por el desenlace de la Final de la Liga Cabildo de Gran Canaria de Lucha Canaria en la que con empate a 11 en el marcador se enfrentaban en la agarrada decisiva los hermanos Déniz, Álvaro "Pollo de Moya III" e Ismael "Pollo de Moya IV".

A todos esos amigos que me preguntan y me asaltan por las redes sociales, les he intentado explicar lo que sucedió. Simple y llanamente, sin opinión, sin querer inclinar la suya para un lado u otro.

Dice el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua en su tercera acepción que tradición es "Doctrina, costumbre, etc., conservada en un pueblo por transmisión de padres a hijos.". Para mí no hay más que explicar, porque el que quiera buscar lógica a lo sucedido no la va a encontrar. No siempre las tradiciones atienden a conductas lógicas... y es que ver como un deportista ´se deja´ caer a propósito para que gane su rival, atenta contra cualquier doctrina competitiva, por ello entiendo a quiénes no comparte esta tradición.

Pero la tradición es eso, un regla o norma no escrita que a lo largo de los años toma un cariz cuasi reglamentario, porque entre las leyes de la sangre poco vale un reglamento escrito.

Ismael, en un acto de infinita generosidad, humanidad, compromiso y sobre todo amor, hizo lo que su instinto le pidió (no cabe decir que nadie lo sabía, porque acordado y comunicado estaba desde principio de temporada) y bravo y valiente cruzó el terrero para alzar la mano vencedora de su hermano... Puntal A, el mayor.

Todo viene precedido de una discusión cuando Álvaro, tras tumbar al puntal del Unión Gáldar y recogía el reconocimiento del público, pasaba tras el banquillo de su hermano y el mandador insinuó que agarran, lo que enfureció al puntal que recordó que no iba a agarrar contra su hermano y dirigiéndose al él le dijo "no voy a agarrar contigo, si quieres te levanto la mano" y si hubiera supuesto un problema con su club "yo te pago tu ficha".

Segundos después, tras el menor levantar la mano y dar como vencedor y campeón a su hermano, el mayor lo fue a buscar a su banquillo y se fundieron en un eterno abrazo en el que era imposible esconder el manantial de lágrimas que brotaban de sus ojos. Era el cúmulo de tensión, de sentimientos, de emociones que ninguno de nosotros estamos capacitados para ´entender o comprender´, sólo ellos, esa unión sanguínea, puede hacerte interpretar lo que sucedía.

Mi opinión... quizá sea lo de menos, pero cuando me marchaba del terrero pude cruzar la mirada con Álvaro y vino en búsqueda, lo abracé y le di las gracias... como después hice con Ismael cuando me lo crucé en la rampa de salida del terrero.

Les doy las gracias y reconozco su valor por lo que hicieron como recocieron la inmensa mayoría de aficionados de uno y otro equipo y aficionados a la lucha que de pie no paraban de aplaudir y reconocer el valiente acto de Isma y la demostración de porqué este deporte es diferente, de porqué este deporte mantiene un cordón umbilical de generación en generación y cosas como estas los hace propio y único.

La luchada fue extraordinaria, el Unión Gáldar controló perfectamente los tempos, pero enfrente tuvo al puntal del Estrella que merece pasar a la historia por la solvencia con la que gestionó cada enfrentamiento.

Dos aficiones entregadas y educadas. Y siempre suelen ser los señalados, pero quiero felicitar a Manuel Marrero porque creo que realizó un gran arbitraje y acertó en las decisiones más complicadas (con la ayuda de los auxiliares Alberto Rivero y Carmelo Melián).

Quiero que sepan que entiendo a quienes no están de acuerdo con esta postura, seguro que tienen muchísimos argumentos para rebatirlos, pero a mí, que quieren que les diga, creo que hicieron lo correcto.

El colofón fue sencillamente histórico, pocos olvidaremos esos minutos de máxima tensión y excitación. Y no es justo que Álvaro no pueda disfrutar de su éxito y que Ismael tenga que sentirse tan mal por lo que hizo. Allí ganaron los dos y nos hicieron ganar a todos. Ése, ése es el verdadero valor de la sangre. ¡Gracias Polillos!.