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Opinión

  • Desde el comienzo de la temporada hemos mantenido una tesis sobre las cualidades competitivas de la actual plantilla de la UD Las Palmas, sin duda la de mayor experiencia en todo tipo de terrenos desde que Miguel Ángel Ramírez llegó a su presidencia. Decíamos entonces que el fútbol que fuera capaz de desarrollar este equipo estaba en la cabeza de los propios jugadores. Léase: las combinaciones, el grado de sacrificio, la precisión en las jugadas de pizarra y, principalmente, la tranquilidad ante el gol. Todo aquello no podía borrarse de un día a otro en un plantel con 16 jugadores que habían tenido un pasado en Primera División y 11 de ellos con participación en selecciones nacionales de distinto grado.

    La Unión Deportiva que estamos analizando en las últimas jornadas, la que suma cinco victorias y un empate en los seis últimos choques, la que apenas comete errores defensivos, la que ajusta bien las líneas de presión para asfixiar a sus rivales, la que no perdona ... ese equipo sí está ahora instalado en la cabeza de todos los hombres de Sergio Lobera. El mérito del cuerpo técnico ha sido salvar todo tipo de dificultades en el campeonato para que los astros se alineen en la forma correcta y en el momento más importante, acertando en la elección de piezas y en la toma de decisiones técnicas. La igualdad en la competición y los titubeos del resto de los competidores aspirantes ha hecho el resto.

    Las Palmas es en este tramo final del campeonato un rival tremendamente competitivo, con oficio, con serenidad ante el gol, con un termómetro en mano para medir la temperatura de los partidos y asumir cada una de las etapas de los encuentros. Lo demostró este domingo ante el Sporting, un brillante adversario que fue capaz de generar las ocasiones que sus antecesores no pudieron, que se presentó en el encuentro con ambición y garantías de sacarlo adelante. Pero los amarillos gozan de buena salud en su fútbol y hasta fortuna, que también es un factor contable en desenlaces de episodios como el hoy vivido frente al Sporting.

    El equipo de Lobera domina el arte de ganar, o al menos ahora lo controla. Esa es una gran noticia porque se produce cuando ya los caminos de todos los candidatos despejan incógnitas. El siguiente reto tras el triunfo ante el Sporting es inmediato: lograr la quinta victoria consecutiva, algo que ninguno de los restantes 21 competidores de la Segunda División ha firmado esta temporada salvo el Recreativo (seis, en la primera vuelta). Esa es la cadena del éxito; lo que se vuelve imposible para el resto es lo que hace posible que Las Palmas sea capaz de cualquiera de las misiones de se le antoje.

    En la cabeza de los jugadores viaja una procesión camino de Primera, al menos luchar por ello hasta el final. Y han logrado lo más difícil: que también brote lo mismo en la mente de una afición que asistió en esta ocasión, por vez primera esta temporada, convencida de que el ascenso está al alcance. Juntos pueden ser imparables.

     

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