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Opinión

  • ¿Cómo se juegan las finales en el seno de una campaña regular?; ¿A tumba abierta o a especular?. Esa pregunta tendrá de inmediato respuesta porque desde que Diego Pablo Simeone señaló las que corresponden al Atlético del Madrid, el entrenador de moda en el fútbol español ha despertado el espíritu de las finalísimas entre otros competidores que están en el trayecto final de sus propias travesías.

    Una final es un partido sin retorno, con consecuencias. En el caso de la UD Las Palmas, por ejemplo, se sitúa ante el requerimiento de encadenar victorias, una tras otra, como hizo en el mes de marzo donde se convirtió en el mejor equipo de su división. ¿Se juega con la ansiedad adversaria en las finales o hay que arriesgar sin límites porque el premio intermedio no sacia aspiraciones?.

    Esas ocho finales de la UD Las Palmas comienzan este fin de semana en una cama de faquir; un campo incómodo, un rival que incordia, muerde y antecedentes de escenarios y adversarios rivales que no le fueron a medida a los hombres de Sergio Lobera. ¿Aprendió el equipo de otras finales similares?.

    El anuncio de Lobera sobre este tipo de partidos empezando por Anduva invita a pensar que Las Palmas saldrá a por todas fuera y dentro de casa. Pero el mensaje en el terreno de juego de los futbolistas ha de ser inequívoco también.

    Sí, son finales y también partidos llenos de incógnitas. Si todos los condicionantes se deben tener en cuenta Las Palmas se presenta en estas finales con una plantilla que conoce muchas trincheras y que ahora llega el momento de demostrar por qué se les ha fichado. Ese factor estaba escrito en los presupuestos de la temporada. Ahora queda demostrar que conocían bien los exámenes y las respuestas.

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