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Opinión

  • Cuando se menciona el ascenso a Segunda A de 1996, tan celebrado por toda Gran Canaria y por los amarillos de cualquier punto del Planeta, siempre hay una mención referencial que conecta con la eliminatoria copera de un año antes, la de los lanzamientos de penalties en el Heliodoro Rodríguez López con el equipo de Paco Castellano. Porque aquel derbi fue una catapulta o un puente que volvió a unir a aficionados con su escudo. Fue una excusa de reconciliación tras varios años de enfado; un partido cuyas secuelas estuvieron latentes hasta que Pacuco y su tropa cerraron el objetivo en Elche. Sin embargo, el impulso inmediato de aquel derbi no fue el esperado, porque el objetivo no se alcanzó hasta la temporada siguiente.

    Algo de aquel ambiente vivimos este pasado sábado en el Estadio de Gran Canaria. No fueron situaciones análogas, ni mucho menos. Pero hubo imágenes que de nuevo rememoran y hacen pensar que de este derbi ganado al CD Tenerife, con ese gol in extremis de Vicente Gómez y el ambiente vivido antes y después, ha nacido algo enorme. En el 95 aquella plantilla pareció transportarse a su propio nirvana futbolístico al ser recibida en volandas por una afición enloquecida en la estación de jet-foil (entonces esa la vía elegida para el desplazamiento a Santa Cruz). Desde que la nave cruzó la punta del Reina Sofía, los jugadores de Castellano ya se sintieron jaleados por los miles de aficionados, escuchaban los cánticos de quienes les esperaban en la estación y que más tarde paralizaron la ciudad en el recorrido de la guagua hasta el Estadio Insular.

    Aquella semilla de la fusión sin fisuras tardó en germinar o en dar sus frutos, como decimos. Pero esta vez, el escenario es distinto para la Lobera troupe. El viento que dejó ese derbi del sábado es muy potente, reuniendo en el Estadio de Gran Canaria a una cifra de espectadores que multiplicó por tres la audiencia media del equipo y de miles de corazones que se alegraron al contemplar por la pequeña pantalla el gol de Gómez en las postrimerías. De nuevo, camisetas amarillas de distintas generaciones o etapas volvieron a salir de los armarios para llenar las callles de Siete Palmas y el Estadio de Gran Canaria de ese color tan identificativo. Sábado, domingo y lunes la isla sigue hablando del partido y de la ilusión de un ascenso. La afición bailó con sus futbolistas y les pide que aprovechen esa energía que ha brotado en estas fechas, que el barco del ascenso llegue a puerto pero esta vez con un sprint veloz.

    Los tres puntos del derbi no eran, en realidad, el objetivo. Pensar en ello así, como revancha o compensación de la temporada, es un grave error. Lo saben técnico y jugadores. El derbi, otra vez, fue la excusa y en esta ocasión el recorrido en la Liga posterior es de cuatro partidos, doce puntos, que llevarían a Las Palmas a hoyar la cima de donde nunca debió abandonar.

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