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Opinión

  • La UD Las Palmas no logró el ascenso de categoría de la forma más dura que podía ocurrir. Tremendo varapalo recibió la afición canaria en este encuentro frente al Córdoba. ¡Es que ya estaba en minuto y medio de los tres minutos de añadido!. Asombroso, pero este fatal desenlace tuvo un antes y ese antes fue la invasión del terreno de juego por parte de unos energúmenos, en un problema que no es de aficionados incontrolados, sino de personajillos sin educación, provocadores que lo que merecen es ser identificados y prohibirles las entradas a un Estadio. Estamos completamente seguros que los amarillos, de haberse mantenido en la tensión que estaban demostrando, no hubieran permitido que el Córdoba empatara. Y para más, estos impresentables volvieron a invadir el campo para que árbitros y jugadores corrieran para la caseta, no sacando el balón del centro del campo.

    Atrás queda ya las múltiples ocasiones que fallaron los amarillos, dueños y señores del encuentro a lo largo de los noventa minutos. Las decisiones del colegiado murciano Sánchez Martínez que perjudicaron a la UD. Pese a todo el premio de la Primera División estuvo a un minuto y medio de conseguirlo, y lo que son las cosas, el último convidado al play off, el Córdoba, cuyo presidente Carlos González si estuvo en el Estadio (penúltima fila del palco) se hizo con la plaza, además, con tres empates y una victoria. La UD, con dos victorias y dos empates, se queda en la Segunda División.

    Este tremendo varapalo merece un serio estudio de lo que ha acontecido en esta temporada. Han sucedido muchas cosas que se han sellado con un fracaso deportivo, de forma injusta, pero fracaso. Las Palmas ha perdido el tren del ascenso en una temporada que nos antoja lo tuvo todo a su favor. Pensar que un equipo como el Eibar fue el primer en alojarse en la Liga BBVA, es como para hacer un repaso de lo que se ha hecho o se ha dejado de hacer. El más decepcionado de todos es Miguel Ángel Ramírez, porque él se juega sus cuartos en este envite, y estamos seguro que él será el primero en mirar para dentro de la Casa y realizar los ajustes que estime pertinentes. No sabemos si van a existir dimisiones, pero ya se sabe que en este país asumir las responsabilidad cuesta muchísimo, y siempre se mira para la habitación del vecino.

    En esa misma historia del club que en repetidas ocasiones hemos sacado de la palestra para hablar de la grandeza de la Unión Deportiva Las Palmas, es la que debe de servir de acicate para emprender un nuevo proyecto, e ilusionar a una afición que ahora esta hundida, triste y cabreada, pero no con sus jugadores que lo dieron todo, sino con ese grupo de parásitos de nuestra sociedad, que saca pecho de sus gamberradas y echa por tierra la ilusión de miles de personas. Esos golfos que se pavonean con sus gestos de grosería ante la afición, sus actitudes desafiantes, son los que desde esta palestra pedimos que expulsen del fútbol. Nuestra afición no merece que se ofrezcan del Estadio Gran Canaria esas lamentables imágenes que se retransmitieron a través de la pequeña pantalla. Pero, a pesar de ellos, ¡viva nuestra querida Unión Deportiva Las Palmas!.  ¡Pío, Pío!.

     

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