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Opinión

  • Ni el guión de la película más rocambolesca que nos queramos imaginar se puede aproximar a lo acontecido en la tarde del pasado domingo en el Estadio Gran Canaria. Han pasado ya bastantes horas y todavía no podemos asimilar cómo es posible que la Unión Deportiva Las Palmas estuviera ahora en Primera División. Es que lo tuvo todo a favor en medio de un ambiente extraordinario, con un Estadio lleno al completo que vibraba con su equipo, pero ese minuto y medio final de una eliminatoria de ciento ochenta minutos, fue fatídico. Barbosa, que no había encajado un gol en todo el play off, le dejó el balón muerto en los pies del mejicano Uli Dávila, para que éste, incrédulo, lo metiera en la portería. No podía ser peor el remate de una faena muy bien llevada a cabo desde el partido de ida con el Sporting de Gijón.

    Ha sido un palo muy duro y especialmente por la forma en que se ha producido. El aficionado de la Unión Deportiva ha pasado por momentos buenos y malos, recordándose entre estos últimos, el descenso de 1983, cuando en aquella tarde en el Insular, el Athletic de Javier Clemente nos mandó a Segunda. Pero como lo sucedido el domingo no hay precedentes, y muestra de ello es lo que en estos días estamos contemplando en las redes sociales, donde no paran de llegar mensajes y vídeos, y en este sentido queremos resaltar el trabajo de los redactores gráficos que, gracias a sus imágenes, se han podido descubrir los gamberros que montaron el circo en el Estadio Gran Canaria, y así poder colaborar con la Policía para perseguir y castigar a estos exaltados.

    Sólo queda encajar el mazazo. La primera repercusión ha sido el despido de Juanito y Branko de la comisión técnica del club, porque el club, la primera misión que se ha puesto, es remontar vuelo lo antes posible. La contratación del nuevo secretario técnico, Nico Rodriguez, al que le avala su trabajo en el Alcorcón, sirve de lanzadera para ese proyecto ilusionante, y que este año tiene como aval, la defensa de un club, al que unos desarmados le robaron el sueño de miles de personas que jornada tras jornada, con lluvia y sin ella, han estado ahí, con su equipo. Estremecedor también el mensaje de Juan Pérez, presidente de la Peña Germán Dévora, en la televisión.

    Pongamos el The End a esta triste película y preparemos una nueva, pero que, por favor, no tenga un final tan trágico. Todos: directiva, técnicos, jugadores, empleados y afición, tienen que remar en el mismo camino. Atrás quedó todo y sólo queda volver a soñar, y pensar que la Primera está más cerca en una temporada que será duda, con varios novios para lograr el mismo objetivo.

     

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