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Opinión

  • Lejos de dejar sabor a hecatombe, la derrota de este derbi tiene más lecturas que el resultado en sí o la pérdida de tres puntos que habrían servido para seguir dando saltos hacia el frente en la clasificación = sacar rentas. El Tenerife le debe haber hecho un favor a la UD Las Palmas al recordarle los parámetros de la Segunda División, el océano de fuego que hay entre la ribera de salida y la de llegada. Quizá lo había olvidado, quizá había tanta bruma exitosa a su alrededor que no se percató de los acontecimientos que seguían en el guión de la campaña. Este primer traspié llega después de dos mensajes 'pre y pos' derbi de Paco Herrera, dignos de recordar:

    "Un amigo entrenador me dice que los halagos debilitan" (sábado, antes del viaje a Santa Cruz)

    "A veces una cura de humildad nos viene bien" (domingo, tras el partido del Heliodoro)

    Antes de esas dos frases, se han vivido semanas de creciente euforia y de una sensación generalizada de que la UD Las Palmas podría convertirse en un intocable en el actual campeonato, tras siete exhibiciones en pretemporada que se han añadido a cuatro victorias y un empate en la Liga, además de un triunfo a domicilio en la Copa del Rey. Nadie regaló nada entonces a los amarillos para convertirse en el equipo del mes de septiembre y que su entrenador pueda recibir el primer trofeo de la campaña como mejor del mes.

    Pero no puede caer en saco roto lo ocurrido este domingo en el Heliodoro. Las Palmas, contrariamente a lo previsto, decidió mantener una línea de presión muy lejana al centro del campo y muy cercana a Raúl. Aceptó el rol que le estaba endilgando su rival y su supo salir de él. Hubo un exceso de pases horizontales y baja voluntad para que el ataque tuviera velocidad y abundancia de efectivos de otras jornadas. El 0-1 resultó un engaño propio: con tres jugadores nada más, los amarillos fueron capaces de poner boca abajo a todo el Tenerife. Sin embargo, a raíz de ese minuto el equipo líder que había encandilado en la Liga desapareció.

    De este partido hay lecciones tácticas que aprender. Eso le corresponde a Paco Herrera, a sus auxiliares y jugadores. Y poner en práctica en el campo y en todo el entorno una de las célebres consignas que ha perdido hasta vaciarse Valerón. "Los buenos equipos son aquellos que saben administrar y reaccionar en los momentos de dificultad". Llega tras el Tenerife, el Sporting, luego el Betis, el Numancia, la Ponferradina, ... Y es el momento de demostrar si la UD es el verdadero líder que ha merecido estos elogios.

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