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Opinión

  • La Unión Deportiva Las Palmas se llena de recuerdos en estas fechas. Enlazada entre las memorias de su Magistral número 10 y el regreso a Gran Canaria de memorables jugadores argentinos que calaron muy profundamente entre los aficionados del viejo Insular. A todos ellos animó, aplaudió Fernando González ... El Bandera. Y a muchos más. Quizá por ello nos toca también revivir ahora, en vísperas al nuevo viaje a Sabadell cuando el escudo de los cinco unidos saltará al campo de juego como líder de la competición, otro episodio de un amorío en amarillo y azul. No por tratarse de un momento de gloria, ni de una gesta puntual de algún futbolista. A eso se apunta una legión. Es porque incluso en la cara oscura de la luna, este club sexagenario también encontró el cariño de sus irreductibles.

    Y Fernando lo era. Hablar de El Bandera que acudió a la final de la Copa del 78 liderando a una tropa de animadores canarios es muy cómodo. Recordarle en Sabadell, el día más duro en la historia de la UD Las Palmas cuando se produjo el primer descenso a la Segunda División, en un ambiente desolador y en pleno caos anímico, es más complicado. Quizá sea aquella temporada de 1991-92 cuando más se pudo hacer sentir su corneta, en momentos de gran complicación deportiva, en un declive constante que se cerró con un duro descenso a cinco jornadas del final.

    Y allí, en la Nueva Cruz Alta, donde este fin de semana vuelven los amarillos, también se le escuchó animando un imposible. A la salida de los vestuarios de la instalación sabadellense, tras las lágrimas de los derrotados, fue Fernando la primera voz de aliento que escucharon los jugadores. No sabía entonces que un calvario de cuatro temporadas estaba en camino.

    Pero hoy como hace 22 años, algo no ha cambiado en el club que sigue persiguiendo sus días de los gloria: de los sinsabores se hizo más fuerte.

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