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Opinión

  • Los días vividos en este inicio de diciembre de 2014 han sido excepcionales; registrados y marcados en la historia reciente de la UD Las Palmas. Tocaron cima en el transcurso del intermedio del encuentro de Copa del Rey frente al RC Celta. Más de diez mil personas, en pie, no dejaron de aplaudir durante quince minutos a los cinco magníficos, en un homenaje popular que ha podido esperar de forma involuntaria más de treinta años. Esos lazos nunca se rompieron. Los nombres de todos ellos reviven lo mejor del club que ha estado 31 años en Primera División y que representaba a grancanarios y canarios en general. Es el matrimonio entre el juego tradicional de la cantera de las islas y los refuerzos cómplices, que se metieron en el corazón de los aficionados.

    Carnevali, Morete, Brindisi, Fernández y Wolff han quedado impactados. Pensaban la mayoría que le habíamos olvidado; ni imaginaron lo que les iba a ocurrir en cuanto pisaran tierra canaria. "Es como si nunca nos hubiéramos ido" reconocía aún sin salir de su asombro Carlitos Morete, sin duda el hombre que más lágrimas ha derramado en las últimas horas en Gran Canaria. Incluso cuando cruzó el arco de seguridad del Aeropuerto este martes, regreso a la Argentina.

    Pero más allá del acto en sí, realizado en justa causa y en meritorio esfuerzo por el consejo de administración que preside Miguel Ángel Ramírez, lo que ha ocurrido estos días es el renacer de una patria chica, de lo que siempre fue la UD Las Palmas especialmente en aquella gloriosa etapa y en los años que le precedieron. El homenaje a Germán Dévora y, en paralelo, el reconocimiento institucional y popular a los magníficos sudamericanos llevan más profundas las raíces de la UD Las Palmas, el club tantos años desprotegido y mal gestionado. La dolorosa política de la pérdida de una identidad ya es historia por fortuna; la ha enterrado el persistente Miguel Ángel Ramírez. El maltrato a personas que lo han dado todo por el club ha desaparecido en la última década y el crecimiento de un sentimiento patriótico, volcado en un equipo de fútbol, vuelve a galopar hacia el horizonte.

    Son los golpes del destino. Desde el 22 de junio el crecimiento de la UD Las Palmas en el corazón de la gente ha sido extraordinario. Su causa gana simpatizantes por todos lados. Camina paralelo al buen andar del equipo en la temporada; bien gestionado y con dosis de ilusión inagotables para volver a lugar de donde nunca debió salir. Tras todo ello, las palabras del presidente a los ex jugadores reunidos en La Marinera antes de que se desencadenara la oleada de actos conmemorativos. "Volveremos a ser grandes". Y todo pasa por mantener en alto el primer concepto que forjó la fundación en 1949: unidos.

    Una imagen con historia también: es la nieta de Atilio Ley Duarte (María Ley), que coincidió con los cinco argentinos en Destilerías Arehucas. El presidente Ley fue el hombre que les firmó en la década de los setenta como refuerzos de la UD Las Palmas. Los argentinos quedaron entusiasmados al conocerla (C. Torres)

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