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Opinión

  • "Quien sabe de dolor, todo lo sabe" (Dante Alighieri)

    Pasados unos años, quizá en el resto de nuestras vidas, cada uno de nosotros recordaremos exactamente el lugar dónde estábamos aquella tarde del 22 de junio de 2014. Reviviremos cada una de las secuencias de ese absurdo episodio, el más duro golpe sufrido en su historia por la UD Las Palmas y por el deporte en Gran Canaria, a la par de los acontecimientos de 1983 en el encuentro de despedida de la Primera División tras 19 años consecutivos en ella, con otro final cargado de perplejidad. Estábamos llenos de rabia, tristeza y faltos de esperanza. La crueldad con la que el destino golpeó a todos los componentes del océano amarillo y azul no encontró límites ese día cordobés.

    La fatalidad, sin embargo, nada cambió entre quienes empujaron al equipo hasta situarle a unos pocos segundos de su destino. 2014 se nos escapa entre los dedos dejando un doloroso momento; también con él, un puñado de retos renovados. Le tocó a la Unión Deportiva Las Palmas asumir algo que no es inédito en la historia del deporte, pero que haberlo vivido ya no deja indiferente a nadie ante un club y una afición que no mereció tan extraordinario castigo. Ocurría 20 años después de que Djukic malograra un penalti que se convirtió en leyenda para el deportivismo: última jornada, título de Liga en juego y el lanzamiento que podría cambiar la historia. Pero el mazazo in extremis no apagó el ímpetu de los coruñeses que, unos años después, lograba revalidar lo que en aquel momento se les había escapado.

    Ahora le toca a los grancanarios. Del 22 de junio salió una Unión Deportiva Las Palmas más fuerte como equipo, como club y como grada. Hay un después a ese partido que hoy mismo se disfruta con valores renovados y lecciones aprendidas. 2014 se entierra y deja paso a los meses decisivos de una competición en la que el nuevo proyecto es emergente, dominante y genera el escenario correcto para que las lágrimas de tristeza sean reemplazadas por sus Antípodas. Aprender, respetar y pelear. Sabemos de dolor antes de saber valorar la alegría que se elabora aún en la fragua.

     

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