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Opinión

  • Tomémoslo a coña. Igual es que llegado el caso y con todo lo que se están jugando los equipos, merece la pena adiestrar a Cicovic para que con sus largos brazos y manos envíe un recadito en una línea del campo cuando pase algún extremo peligroso al que se pueda eliminar con una acción de tarjeta. O merece la pena tener un imitador de voces cerca del cuarto árbitro gritando un 'concha tu madre' con un tonalidad similar al futbolista estrella del otro equipo. Quizá también merece la pena contratar a un jugador puro-teatro, alguien que saque de sus casillas al equipo rival. Porque lo que ha hecho este miércoles el Comité de Competición inhibiéndose prácticamente de lo que realizó el pasado domingo el auxiliar del Zaragoza, en vivo y en directo, repetido hasta la saciedad en cualquier canal televisivo, es un golpe bajo al fútbol y a la limpieza en el deporte.

    No justificaremos antes, durante y después lo que han realizado los jugadores de la UD Las Palmas. Aunque tampoco les crucificaremos porque ocurrieron cosas muy graves en el terreno de juego de las que son responsables sus rivales, que han salido prácticamente ilesos a la vista de los acontecimientos. Los quince días al entrenador de porteros del Real Zaragoza son como un premio a la deslealtad deportiva, una propina y una medida injusta que causa dolor.

    Competición debió tomar parte en este asunto. Sabemos que no aspira a actuar de oficio, pero debió hacer por la gravedad de lo sucedido y la provocación a la que ha sido expuesto en su totalidad el proyecto de la UD Las Palmas y la afición grancanaria (no nos atrevemos a imaginar si el partido hubiese acabado en empate o derrota canaria después de las tres rojas directas). Existen mecanismos y tecnología al alcance para evitar que el colegiado quedara en evidencia con lo redactado en el acta. Es como si la versión de Piñeiro Crespo correspondiera a otra década cuando en la actualidad todos, especialmente fuera del estadio, tienen la información más correcta de los sucesos.

    Ángel, Culio y Nauzet, bien sancionados. Correcto, si lo prefieren, aunque ahora toca Apelación. Lo del Zaragoza es, en cambio, una burla (presunta, para que nadie se enfade). Comprendemos la indignación que recorre la isla.

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