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Opinión

  • La UD Las Palmas acude otra vez esta semana al Comité de Competición y/o Apelación (si procediera). En esta oportunidad para discutir vía federativa al asturiano Areces Franco, autor del arbitraje del Ángel Carro, la macabra interpretación del Reglamento en la tarjeta mostrada a Nauzet Alemán. Tiene tarea el gabinete jurídico del club ante la desprotección que precisamente están padeciendo algunos jugadores y el equipo en general. Es el único derecho que le queda porque todo lo demás se extravió en Lugo, salvo el liderato.

    Es la de la cartulina una batalla pequeña, pero es en realidad un episodio de una mayor que se ha desatado. La tarjeta amarilla a Nauzet por mostrar sus espinilleras y lanzar un mensaje de cariño a su hijita y padre, es una ilustración clara de la doble manera de interpretar las reglas del juego. Conviven en el Reglamento la precisión cirujana para pitar un penalti imaginario -a criterio humano- o una cartulina amarilla por "celebrar de forma ostensible" un gol; frente a pasar de largo como lance del juego pisotones, agarrones, patadas o manos. O percatarse de que un amarillo golpea (?) a otro del Zaragoza y obviar en pleno rostro del cuarto árbitro la agresión sufrida por Ángel López. Dos vías con un libro de ruta mal confeccionado, impreciso, ambiguo ... que puede dejar indefenso a deportistas leales con el espectáculo.

    ¿Quién ha dirigido a este terreno al equipo líder?. ¿Qué está pasando?. El Reglamento debe tener la misma lectura para los dos competidores, por igual. Pero llama la atención un partido como el vivido este domingo en Lugo, donde el equipo que dominó de forma abrumadora y abusiva el encuentro acaba con tres tarjetas más que su oponente (siete en total) sin apenas dar una mala patada, además de ser castigado por un inexistente penalti en contra, sufrir fueras de juego imprecisos algunos, que merecen al menos el debate, y la sensación general de que algo más se quedó en feudo de un equipo al que, en circunstancias de cierta lógica, pudo haber goleado. Nadie de los que actúan quiere o debe hablar de ello, porque las represalias existen o se temen.

    No es la primera vez esta temporada que los jugadores de la UD Las Palmas y su cuerpo técnico se van a acostar un fin de semana para pelearse con la almohada después de ser golpeados con la ambigua letra del reglamento o por la apreciación subjetiva de un colegiado. Ya es demasiado el 'factor humano' y el perjuicio es innegable. El club ya ha tomado medidas y son apreciables: los jugadores guardaron silencio en sus cuentas personales tras el partido y el técnico elogió al colectivo arbitral adjudicando a la suerte (infortunio) la causa de los últimos acontecimientos. La verdad queda de puertas hacia dentro. Porque lo innegable es que es líder ha sido zancadilleado y en más de una ocasión, impidiéndole galopar con la mochila cargada por los méritos acumulados. El reguero de puntos que queda atrás por errores inducidos es importante. Y esa sangría la debe abortar, con el Reglamento en la mano. Favores, no; justicia, sí.

     

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