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Opinión

  • A la misma hora que Pablo Machín se preguntaba por qué el fútbol había tenido un final tan macabro, dos veces, con el Girona FC, su colega Ranko Popovic explicaba lo siguiente: "Nadie nos hizo un favor. Les dije a los jugadores que no creía en milagros, que creía en ellos. Y lo han demostrado (...) Hemos tenido humildad. Nosotros nos comportamos como deportistas (el miércoles) mientras ellos estaban celebrándolo de esa forma".

    Viene a subrayar el entrenador del Real Zaragoza lo que ha de tenerse en cuenta en una competición tan sorpresiva como es este play off de Segunda a Primera, donde se miden conjuntos separados por detalles, momentos de forma o una decisión arbitral. Santa Prudencia es hermana de la Humildad que abrazó el Zaragoza, volteando en Montilivi un 0-3 para convertirlo en un 1-4. No se preguntó a sí mismo Machín por qué reservó jugadores teóricos titulares para medirse luego al finalista que ya conocía (UD Las Palmas), ni el mensaje invisible que esa medida tenía en el seno de su plantilla, como tampoco entró a valorar la multitud de misivas emitidas en Girona sobre el esperado desenlace de la eliminatoria contra un escudo tan potente como es el del Real Zaragoza.

    De imprudencias se pueden dar ejemplos uno tras otro en el deporte mundial. Hoy es gran triunfador de la temporada el mismísimo Pepe Mel, quien hasta que no cerró las matemáticas del ascenso del Betis no levantó el pie del acelerador. En sus primeros andares en los banquillos figura aquel "vamos, comemos, ganamos y volvemos" que dijo como entrenador del Tenerife antes de visitar al Lanzarote en partido de Copa ... Un golpe del que nunca se olvidó el excelente entrenador verdiblanco.

    Las Palmas no puede tener otro motivo en sus alforjas que la pelea, el trabajo y el respeto a un gran Real Zaragoza con quien discutirá durante 180 minutos el ascenso a Primera División. No cuenta para nada saber que fueron dos las victorias canarias en los partidos con los maños, ni que en siete ocasiones los amarillos batieron aquella portería. Ningún mensaje de euforia ha de rescatarse; sí, en cambio, la ilusión, la unidad y las ganas de batalla. Las Palmas llega a este último play off con abundantes lecciones aprendidas y mucho dolor que sepultar. Sólo hay un camino y comienza por mirar a los ojos al adversario con la prudencia que su historial merece. Zaragoza afirma que nunca se rinde; esta UD Las Palmas del siglo XXI desconoce la palabra jamás.

    Prudencia de todos porque, como vimos en 2014, todos juegan el play off.

     

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