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Opinión

  • No es cierto. La salvación de la UD Las Palmas como equipo que pueda lograr la permanencia en la Primera División no pasa por la ausencia de Javi Castellano. Ni cualquier otro de los miembros de la plantilla que está a las órdenes de Paco Herrera. Ese pensamiento trasladado una trascendencia a la baja del gemelo, que es importante pero no decisiva, no se ajusta a la realidad de un equipo que ha de pensar en ser eso: equipo. Tanto en los momentos de lucidez como ante la adversidad.

    No ha tenido suerte Javi. Su pundonor está fuera de cualquier duda. Se perdió la pasada celebración del ascenso por una fractura en una mano el día en que Las Palmas cruzó la frontera de las estrellas por sexta vez. Mientras sus compañeros se paseaban por la ciudad recibiendo parabienes de la marea amarilla, Javi se preparaba para acudir al quirófano y empezar su puesta a punto para estar en el Vicente Calderón. Y en ese escenario le llegó el nuevo contratiempo.

    Es un mazazo que Javi no esté en el inicio de la Liga, pero ni él ni sus compañeros pueden elevar de forma mayor lo que es habitual en cualquier equipo de fútbol, un colectivo que convive con lesiones. La única preocupación de Javi es recuperarse; la de sus compañeros ha de ser encontrar un nivel de juego lo suficientemente potente como para que su nombre no se evoque como recuerdo y la del club encontrar la pieza de recambio que Paco Herrera reclama. Y ya está en ello, con avanzados planteamientos.

    Aún así hay piezas en la plantilla y modelos de juego donde la baja de uno de sus componentes se pueda amortiguar. Centrar la atención en un jugador ausente es una señal errónea porque en ese escenario siempre estará expuesto la entidad. Y la plantilla ha de saber que está al completo en Primera División para afrontar cualquiera papel que se requiera.

    Javi ha sido un jugador importante desde su llegada, en algunas temporadas más que en otras. Con Paco Herrera fue un nombre que siempre estuvo en boca cada fin de semana, cada vez que podría utilizarlo. Ha sido un auténtico devorador en Segunda A, con una aportación de minutos y datos para su equipo que ha estado a la altura de pocos futbolistas. Pero esta Primera División no se ha diseñado para añoranzas, sino para disfrutar de quienes se le entregue la misión. Y disfrutar también de un equipo que, al salir al campo, tiene una leyenda que le acompaña en la ruta al campo de juego: ninguno es mejor que todos juntos. Todos, incluso los que juegan desde la grada.

    El mejor regalo que se le podría entregar a Javi es volverle a recibir como profesional, cuando toque, con una clasificación acorde a las expectativas del club. Y eso no es exclusiva obligación del gemelo.

     

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