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Opinión

  • En el último lustro, al menos, la lucha canaria en todo el Archipiélago se ha desarrollado viajando con soltura de una polémica a otra, con la naturalidad que le brinda el convivir en un ambiente así. Se han acostumbrado hasta a un quita y pon de la norma de pesos o a paralizaciones de una competición comenzada. Mucho debate en los asientos de los terreros y poco más, porque de una solución se pasa al siguiente conflicto.

    Este fin de semana no hay actividad en los terreros. Porque la lucha canaria no tiene algo elemental para su desarrollo: el Seguro Obligatorio del deportista. Que sepamos, el único deporte en estas circunstancias. Y, sin él, no hay nada. Hasta ahí todo normal dentro de la anormalidad a la que nos resistimos a acostumbrarnos.

    Ninguna explicación es válida para aclarar el por qué. Es un asunto vital y ha habido un fallo enorme. Ahora hay acusaciones en la sombra hacia chivos expiatorios que han operado supuestamente contra los intereses del deporte vernáculo; no se cuestiona si hubo otras cosas, como la lealtad hacia la aseguradora que tenía los servicios o si hubo vigilia por parte de quien correspondía.

    Todo ello da igual. De este caso de la paralización de los torneos ya comenzados, del ridículo que se está haciendo con aficionados, deportistas, cantera y patrocinadores (como nos dicen fuera de micrófono algunos responsables de clubes), del descrédito que llega en consecuencia la principal competición ... lo que sorprende es que quienes tienen la fuerza están cruzados de brazos. No son capaces de tener una opinión colectiva, unirse y exigir responsabilidades para el 'nunca jamás'.

    Por ello, a modo de jueces deportivos, mostramos una amonestación a los clubes por pasividad en la brega. Quizá estén convencidos de que de ésta van a salir antes o después, esperemos que no de cualquier manera. Pero, por este camino, van a ninguna parte.

     

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