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Opinión

  • Paco Herrera no se marchará en solitario. Es la primera víctima de las ocho jornadas en claro receso que ha experimentado la actual UD Las Palmas. El sexto ascenso a Primera del club fue su aval, pero no un escudo que lo aguantara todo porque el fútbol, como bien se sabe, no tiene memoria. Ni en Gran Canaria, en el Bernabéu o en Ampuyenta. O, mejor, el fútbol no quiere destrozar el recuerdo y el sabor que el técnico catalán dejó en la entidad amarilla. Eso no ha ocurrido ni siquiera con su destitución.

    Este martes, el presidente Miguel Ángel Ramírez avanzó la esencia de los planes del club para la segunda vuelta: habrá refuerzo o refuerzos, se cubrirá la licencia que liberó el lesionado Javi Castellano y habrá rescisiones. En las palabras del presidente, que las habrá calculado bien porque el equipo está en un interesante proceso de cambio de menos a más, hay también un mensaje directo para que los miembros de la plantilla que ahora dirige Quique Setién hagan sus propios cálculos o cábalas: Si Las Palmas tiene una ficha libre de 25, si vienen refuerzo/s y si también de forma paralela habrá rescisiones ... entonces ‘hay tomate' en enero.

    Los malos resultados se llevan por delante, como siempre, a los entrenadores. Ocurre así sean héroes o no. Pero los malos resultados también dejan informes que han de manejar en tiempo y forma los que dirigen los clubes, quienes además administran los recursos económicos y humanos. Y es ahí donde la factura de las ocho jornadas, unidas a las palabras del presidencia, permite entrever que Paco Herrera y Ángel Rodríguez sólo son la avanzadilla.

    Ha dicho Quique Setién, al menos dos veces desde su arribo a Gran Canaria, que quiere a sus jugadores "con las orejas tiesas" ante cada una de sus convocatorias. El panorama pinta para ello: pero tiesas, tiesas.

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