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Opinión

  • Todos los que tuvimos la fortuna de conocer a García Panasco le llamábamos por Don Jesús, aunque sus íntimos, cuando se dirigían a él, lo hacían con un cariñoso Chucho. Y entre este selecto grupo se encontraba su amigo Antonio Lemus, nuestro Maestro en el periodismo, que lo conoció desde la época en que ambos estudiaban en el Corazón de María, una amistad que se fraguó durante cientos de viajes, de mañanas en el despacho de Pío XII y de fidelidad mutua que mantuvieron hasta los últimos días. Casualidades de la vida, Lemus falleció a finales de 1999 y Panasco a mitad de febrero del 2000. Y su fiel secretario adjunto, José Guerra, unos días después. Se fueron, como quien dice, de la mano.

    Y si nos hemos referido a Panasco y Lemus en el comienzo de este comentario, es que ambos tenían, entre otras cosas común, ser fieles a su profesión respectiva y a la Unión Deportiva Las Palmas. En el caso de Don Jesús, desde que el entonces presidente Cecilio López se lo llevó a la secretaría general, fue un hombre fiel a sus principios, honrado, respetado y que defendía por arriba de todo los intereses de su empresa. Era de esas personas en los que un acuerdo no necesitaba ser firmado sobre un papel. La palabra era la palabra.

    Su vida se desarrolló entre la sede del club y su casa en la calle Murga. Era fácil localizarlo en su despacho los fines de semana. Siempre a disposición en la Casa Amarilla, y aunque no era persona que le gustara prodigarse en los medios informativos, fue siempre muy cortés. Para él, con su humor refinado, fiel de un gentleman inglés, un fichaje, una renovación, no era una noticia, era "un acto administrativo del club", nos decía con su sonrisilla.

    Antonio Betancor, su "ojeador" discreto fiel a la escuela del Real Madrid, nos contó la reacción de Don Jesús, cuando Las Palmas fue a contratar al portero de la selección argentina. Antonio había adelantado el viaje para estudiar las distintas opciones, La primera era Ubaldo Fillol, el portero de River, pero tenía una lesión que le apartaba un tiempo. El segundo, Hugo Gatti, y juntos fueron al entrenamiento para esperar muy cómodamente en la grada a que los jugadores salieran al campo. Al ver Panasco las melenas y excentricidades del gran portero que militaba en el Gimnasia y Esgrima de La Plata, al trote en ese momento y sin tocar tan siquiera el balón, no lo dudó un momento y le dijo a Antonio: "Nos vamos. ¿Cómo voy a ir a Gran Canaria con la facha que tiene este portero?. ¿Quién es el siguiente?." Y ahí se fueron los dos hasta el Estadio del Chacarita Juniors para ver a Daniel Carnevalli, que sí convenció a Don Jesús. Luego vendrían Quique Wolff, Carlos Morete y Miguel Ángel Brindisi, formando aquella etapa tan brillante, que dio continuidad al que fue el mejor equipo de la historia de la Unión Deportiva Las Palmas, el formado por diez canarios y un portero vasco.

    En ambas etapas García Panasco estaba al frente del club, con amplio poder de decisión que le daban las diferentes juntas directivas para la que trabajó. Primero Cecilio López, Juan Trujillo Febles, Atilio Ley, José Aguilar, Domingo Ponce, Fernando Arencibia y Gonzalo Medina, con el que se retiraría. Como dato curioso, y que habla mucho por si solo, Don Jesús tuvo que retrasar su jubilación porque no tenía los años suficientes de cotización para acogerse a la misma. Vivió desde que dejó el club (1991 hasta su fallecimiento, en el 2000), con su pensión de la Seguridad Social.

    Con él se fue mucha historia de la Unión Deportiva Las Palmas., al igual que con Antonio Lemus. Ellos vivieron el día a día desde la fundación, en 1949. Ahora, el consejo de administración que preside Miguel Ángel Ramírez homenajea que dirigió al club en las etapas más brillantes. Justa recompensa a la que nos unimos.

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