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Opinión

  • Sin duda, hoy no sabemos apreciar con total exactitud hacia dónde avanza la UD Las Palmas en la era presidencial de Miguel Ángel Ramírez. No lo sabemos porque la imaginación no tiene fronteras ni cadenas. Tampoco la ambición silenciosa del nuevo titular de la UD Las Palmas que en una década ha logrado emerger a un club desde las profundidades del pozo de sus pasados errores. La pisada de la UD es firme y con ella puede llegar al lugar que se lo proponga.

    El mando de Ramírez es claro y constante; sus muchos aciertos sin dispendio han llevado al equipo a Primera División, donde está actualmente y ya ha mencionado que es aquí el campamento base de la fase final de su proyecto. A partir de ahí, todos los amarillos sueñan sin límites. El tiempo nos revelará el resto.

    Uno de sus muchos aciertos, que debemos reconocerle y subrayar, ha sido dignificar la propia historia de la entidad, a las personas que dieron ejemplo por ella. Los gestos son públicos y también privados; ya a montones. La decisión más reciente es llevar a la inmortalidad dentro del club a un gestor que lo dio todo por él, que también colaboró de forma decisiva a llevar a la Unión Deportiva Las Palmas y al fútbol canario en general a cotas que no se han alcanzado y que quedan como listones referenciales para quienes le siguieron.

    Jesús García Panasco recibirá un homenaje institucional este viernes, 16 años después de su fallecimiento y 25 más tarde desde su jubilación en el cargo eterno de secretario general del club. Hablar de don Jesús es muy fácil. Tenemos que asociarle a términos como honradez, seriedad, lealtad, amor, pasión, rigor, ... canariedad. En nuestros años como aficionado y más tarde como profesional de la información no escuchamos nada en su contra salvo en aquellos sectores que no pudieron perforar sus dominios, bien distanciados y marcados por el respeto que él brindaba a quienes se le acercaban. Esos ataques, en realidad, debilitaban lo que representaba la UD Las Palmas y las personas que ejercían en ella. Se habló entonces del búnker de Pío XII, que no filtraba nada. Ese palacete blindado, sin embargo, así fue un éxito, que es al fin y al cabo lo que cuenta. Esa cosecha de logros todavía hoy la sabemos saborear y tras esa firma está él, por supuesto, presidente de la UD Las Palmas que no lo fue sobre el papel.

    Don Jesús daba la información justa, la inequívoca; todo lo demás correspondía al periodista. Y sabía diferenciar bien cada escenario, situación y momento. Al margen del fútbol, su palabra era un consejo exquisito para aquel que la quisiera escuchar. Muchos jugadores a los que tuteló lo hicieron y lograron hacer carrera en el deporte profesional de entonces, que nada tiene que ver con el de ahora.

    García Panasco llevó a la UD Las Palmas y a sus profesionales a gran altura, incluso en los momentos difíciles que se vivieron en la entidad. Porque no todo estaba reflejado en la presencia del equipo en Primera División, sino en sortear cada uno de los obstáculos -la mayoría económicos- que el club de los grancanarios encontró en su camino. Por eso hemos dicho y repetiremos de nuevo que la verdadera historia del club, la que nadie puede tergiversar o manipular, se fue con él y jamás se contará.

    Ramírez y su consejo de administración ha hecho justicia una vez más. Podría haber elegido a tantos otros personajes que salían en la foto; pero no, se fijó en el más humilde y honesto. Panasco: un amarillo y grancanario al que la afición de la UD Las Palmas estará eternamente agradecida.

    García Panasco, a la derecha, con Antonio Lemus, periodista de La Provincia y amigo personal (Archivo personal de A. Lemus)

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