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Opinión

  • La última mejor clasificación en Primera de la Unión Deportiva Las Palmas corresponde a la etapa de Sergio Kresic, en 2000-01, con el undécimo puesto (46 puntos, a 5 de la hoguera del descenso). Aquella temporada también era de reencuentro amarillo con su habitual escenario en la élite. Hubo un comienzo titubeante, la posterior reacción y final plácido, ajeno a cualquier quebradero de cabeza clasificatorio.

    La UD Las Palmas de 2016 va por buen camino, sin haber tocado tierra firme aún ... pero ya la siente. Se lo ha ganado a pulso en una extraordinaria segunda vuelta en la que logró seis victorias (18 puntos), añadiéndolos a la cosecha de la primera recta. Salen las cuentas, obviamente, aunque hay que cerrar la permanencia antes de poderla celebrar.

    A estas alturas del campeonato hay más cosas bien arregladas. Una de ellas la queremos rescatar porque la consideramos que se puede convertir en clave presente y futuro del equipo. Tan valioso como los puntos que se recuperaron frente al Valencia fue la absoluta complicidad que mostraron los más de 27.000 aficionados que acudieron al Estadio de Gran Canaria este sábado. El destino del partido quiso ponerla a prueba muy pronto, cuando Javi Varas colocó de forma involuntaria en la bota de Rodrigo el 0-1. Lo que ocurrió a partir de ese momento fue una lección del graderío, que arrancó en aplausos para el portero local y para el resto del equipo. Y, de igual forma, volvió a premiar más tarde a Varas cuando, con el partido ya encarrilado, jugó otro balón con el pie en su área siguiendo el patrón dictado por el actual cuerpo técnico.

    Quique Setién ha debido explicar bien al graderío su filosofía, que apenas tiene una vuelta de competición. En otro momento de la historia del club, algún portero del equipo recibió la censura popular por actuar con el pie asumiendo riesgos. Hay varios ejemplos, algunos muy recientes (Assmann o Barbosa nos sirven para ello). Es muy importante que los jugadores crean que el molde futbolístico con el que Setién viajó a Gran Canaria es el válido. Pero es vital que esos mismos conceptos también los sepa interpretar el abonado y el aficionado en general. De hacerlo, el círculo como seña de identidad propia se completa.

    Hubo más gestos de la grada este sábado. La política de cantera del club es innegable. Para crecer con ella hay que creer en ella. El equipo sigue nutriéndose de los jugadores formados en la casa (además de estar en marcha un claro relevo generacional) y se complementa el once con los fichajes low cost que gestiona la dirección deportiva. En el partido contra el Valencia, el público tuvo dos momentos más de fusión o de comprensión. Se produjo una enorme ovación en el instante en que Vicente Gómez reaparecía. Esa muestra de cariño le servirá al zurdo grancanario para convencerse de que no ha perdido protagonismo tras su lesión, ni el aprecio de su juego. Y, de igual forma, el agradecimiento popular también a Jonathan Viera en el instante de su relevo, valorándose el gran esfuerzo y arrojo que está teniendo porque aquí, en casa, sí es el mago que en Valencia dijeron contratar.

    En la Unión Deportiva funcionan de forma correcta más cosas que los resultados. Ya está a más de dos partidos del descenso en la tabla clasificatoria. Pero tiene pasos más largos y firmes en Primera si la unión con sus aficionados muestra este tipo de soldaduras.

    Es como si toda la marea amarilla entendiera frases tan cargadas de contenido como la que ofrecía ayer mismo el entrenador al referirse a la falta de gol en el encuentro de sus delanteros Willian José y Sergio Araujo. "Ellos creen que solo viven del gol, pero no es así. Yo valoro otras cosas" ... como parece que también hacen los 27.000 cómplices de esta causa.

     

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