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Opinión

  • En 1992 la UD Las Palmas abrió la mano con Alexis Trujillo. El equipo había caído por primera vez en su historia a la Segunda División B y en sus filas había jugadores en proyección que podrían ver frustradas sus carreras con el golpe deportivo causado por el descenso. Hasta Gran Canaria vino en persona Javier Pérez, presidente del CD Tenerife, para captar al jugador casi a precio de saldo. Se sentó con Luis Sicilia y el futbolista para el pacto. Se lo llevó así y, aunque militó en el club del Heliodoro, su éxito personal lo cosechó como posterior futbolista del Real Betis.

    La afición de la UD Las Palmas comprendió parcialmente entonces que el club permitiera liberar al futbolista de la Isleta, cerebro en el centro del campo. Había dos categorías de distancia con los blanquiazules y nada que objetar en cuanto a las barreras que dificultaban su carrera. El Tenerife, en aquel momento, no era rival directo de la UD Las Palmas. Aún así, la marcha de Alexis Trujillo supuso un golpe para la afición del Estadio Insular.

    En 1995 la historia se repitió con Toni Robaina; en el 1998 con Turu Flores y Manuel Pablo al Deportivo y así un cuantioso número de futbolistas amarillos que, amparados en el discurso de una mejoría económica y competitiva, vieron abrir las puertas de Pío XII y salir con unas cantidades que no solucionaron gran cosa a la economía frágil del club representativo. Vitolo y Viera podrían ser considerados en este grupo, cuando Las Palmas actuaba en Segunda División.

    En 2016 todo aquello que narramos ya no existe. Ahora hay un mando de verdad al frente del club, una política certera de promoción de jugadores propios y un horizonte en Primera División. La Unión Deportiva Las Palmas tiene que responder ante una afición que se abona cubriendo 20.000 asientos cada temporada, que nunca le ha abandonado y que le arropa para caminar en la nueva división, la máxima a la que puede aspirar, con un riesgo alto siempre por el nivel competitivo en el que se encuentra. Mantenerse en ella es una obligación con sus puentes de alambre.

    Si de alguien se puede aprender en el fútbol tan profesional como el actual es, precisamente, del club que pretende los servicios de Roque Mesa: el Sevilla. Y no hay que ir muy lejos para comprender cómo es una política de respeto entre las sociedades futbolísticas. El Sevilla es el paladín de los negociadores en el fútbol español; sus huellas son las buenas cuando compra y cuando vende. Por ejemplo: pretende poner precio a Roque Mesa (5 millones e incentivos) de forma paralela a la que reclama por Krychowiak la cláusula liberatoria (45 millones) al París Saint Germain. Compra barato y vende caro, porque tiene que responder también ante la afición de Nervión.

    En ese escenario la UD Las Palmas ha de tener claros sus conceptos. Roque tiene un acuerdo con el Sevilla -por cierto, realizado a espaldas de la UD Las Palmas- pero también tiene un contrato y un pacto con su club promotor, 30 millones de euros en caso de romper el vínculo. Difícilmente esa cláusula la abonará el Sevilla, pero siempre puede haber cifras intermedias -no tan ridículas como los 5 millones- con la que Las Palmas vea compensado su esfuerzo por elaborar durante años a un jugador tan cotizado como ahora lo está el futbolista teldense.

    El mensaje de la caridad para cambiar de destino es, sin duda, erróneo y nada profesional. La UD Las Palmas no puede aceptarlo porque, como empresa, tiene que responder en idénticas proporciones a cómo lo hace el Sevilla con sus seguidores.

    La prensa andaluza presumía la pasada semana de que la operación Roque diseñada por Monchi había sido perfecta. Primero, hablar con el jugador (con un contrato en vigor hasta 2020); y luego, el planteamiento al club con el que tiene contrato. Sin embargo, ese proceder contradice las coordenadas deontológicas que habría llevado ahora a una negociación con mejores perspectivas entre las tres partes.

    En este punto y con mucha pretemporada por delante, el Sevilla y su pretendido Roque tienen solo una salida: encontrar el precio justo que sea capaz de equilibrar las expectativas de la UD Las Palmas, un club que se hace respetar porque ahora su posición ante las sombras que hacen círculo es de fuerza.

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