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Opinión

  • El caso Roque Mesa tiene muchas lecturas. Tanto si se producía la venta o en el caso de no hacerse, la UD Las Palmas siempre tuvo una posición de ventaja, la que en otras ocasiones no podía disfrutar porque el agujero negro preconcursal le condicionaba en la toma de decisiones. El Sevilla es un club acostumbrado a comprar y a vender, pero esta Unión Deportiva que ha encontrado en 2016 no acepta que entren a su casa y le coloquen el precio de su patrimonio deportivo. Esos tiempos no son los actuales, como ya hemos explicado. Un mando claro del club grancanario evita humillaciones -que no es el caso- que se produjeron antaño.

    Hay que comprender el golpe moral que sufre en estos momentos el jugador teldense. Hace un año su contrato entraba en la recta final. El único club que vio venir a este gran Roque Mesa de Primera fue la UD Las Palmas, la entidad que le ha esperado, le ha buscado situaciones y plataformas para que hoy sea un futbolista admirado desde todas las perspectivas; una de las revelaciones de la Liga. Y, dentro de sus posibilidades, el club materno le ha colocado un rol acorde a su importancia en el proyecto. Nada de eso ha cambiado; al contrario, todavía puede mejorar.

    El Sevilla ha tenido dos maneras de operar para intentar la salida de Roque. Como ya dijimos, tasándolo a la baja antes de negociar con el club anfitrión. Y, de otra, colocándole "un caramelo" -así lo definió el propio Miguel Ángel Ramírez- para que la oferta económica al jugador fuera tan potente que le impulsara a pedir en público la liberación de su compromiso con Las Palmas. Pero el Sevilla siguió su estrategia, convencido de que al final el futbolista es quien decide sin percatarse de que el mercado es un ente vivo y que sus vuelcos son constantes.

    La afición de la UD Las Palmas tiene que animar a Roque, porque ambos se necesitan. El jugador no ha tenido los mejores consejos en este proceder, ha cometido errores, pero hay que entenderle. Es un profesional íntegro y está acostumbrado a sobreponerse ante la dificultad. Nos acordamos ahora de su soledad en Baleares, cuando creía que su labor de mejora allí, en calidad de cedido, pasaba inadvertida. Y no fue así. Estamos convencidos de que de este episodio saldrá un mejor Roque. Si el anhelo es Europa, tiene en sus manos la solución: hacer una mejor UD para que sea la nave que le complete sus sueños. Lo demás, como ya él mismo ha comprobado, viene solo.

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