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Opinión

  • Boateng vuela, tras una acción personal en el AC Milán (Archivo personal KP)

     

    "El fútbol es ajedrez. Cada pieza cumple su función.

    El fútbol es talento, genio, disciplina, solidaridad y sentimiento.

    Y todo eso lo tenemos.

    Ninguno de nosotros es mejor que todos juntos.

    Jugando como nos gusta, todos juntos, la idea de juego es innegociable.

    Disfrutar y hacer disfrutar. Jugando como nos gusta, todos juntos; que nadie piense en sí mismo más que en el escudo.

    Sólo así podremos sobrevivir en la mejor Liga del mundo".


    De repente, cobra sentido con intensidad máxima los mensajes que Quique Setién exponía en el vídeo promocional de la campaña de abonados 2016-17. Cada frase del técnico, leída ahora paso a paso y asociada al fichaje emblemático de Kevin-Prince Boateng, tienen mayor arraigo. Es como si, de forma inconsciente, el club se hubiese estado preparando todo el verano para esta gran ocasión que le ha brindado el mercado de jugadores, trayendo hasta Gran Canaria a un futbolista que siempre ha estado fuera de órbita. Y que, de hacer una campaña excelente con los amarillos, volverá a estarlo.

    Cada frase del entrenador cántabro es perfecta para resumir lo que del Príncipe berlinés espera el proyecto de la UD Las Palmas; sus técnicos, compañeros, dirigentes y aficionados. Porque Las Palmas en la actual Primera División es eso mismo: talento, solidaridad y mucho sentimiento. Para estar en ella hay que correr como un peón, defender como las torres o ser ingeniosos como el caballo. Y si las tres actuaciones se juntan, saldrá el equipo perfecto rodeado de los jugadores perfectos.

    Boateng no tiene nada que demostrar sobre sus cualidades. Son universales. No tiene que hacerlo para pasar un casting; sin embargo, con estos mensajes tan claros que emite el entrenador que le va a dirigir en un equipo modesto, orgulloso, solidario y respondón, se obliga a bajar a la tierra para rendir a su nivel estelar. Puede hacerlo y esa debe ser misión.

    Lo tiene fácil: por cada sonrisa suya la afición de Gran Canaria le devolverá un ovación. Por cada genialidad, más; pero también por cada robo, presión o disputa, por cada gol que marque o lo evite. Se percatará pronto que viene a un sitio donde el cariño a los amarillos no tiene fronteras. Pero también comprobará que junto a las palabras de su nuevo entrenador estará rodeado de piezas coordinadas en un mismo tablero de ajedrez en el que no hay príncipes.

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