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Opinión

  • El episodio final de Quique Setién como entrenador de la UD Las Palmas está ya muy cerca. Así lo ha decidido él mismo tras renunciar a seguir las conversaciones con el club para renovar ¡¡por cinco temporadas!!. Porque, que sepamos, unas negociaciones pueden mantenerse hasta que se rompan por completo por las dos partes, algo que en este caso no ha sucedido.

    Se marchará dejando al equipo amarillo en la división donde lo recogió. Eso es de agradecerle eternamente, porque la situación precisamente hace casi un año no era tan fácil hasta que sus jugadores llegaron a Ipurúa y ahí se cambió el rumbo de la historia. Deja una herencia futbolística, sin duda.

    Pero no dejamos de añadir que Setién se ha convertido en el primer humano o, mejor, debate de fractura social en la UD Las Palmas después del 22 de junio de 2014. Ya antes y, especialmente tras el suceso frente al Córdoba, en torno al equipo se ha respirado un clima de unidad, de complicidad entre todos sus sectores, alentados por el crédito de un proyecto directivo que le ha llevado paso a paso, pulgada a pulgada, a la Primera División. Y a acabar también con el maldito concurso de acreedores que llevó al club a su agonía. De todo eso no tiene mérito o culpa, ni sabe Setién.

    Se marcha pero no se quiebra el proyecto de cantera, la revalorización que ya existía de los jugadores -ahora más-, las mejoras en el estadio, las ideas en las instalaciones de Barranco Seco ya puestas en práctica, la remodelación de Siete Palmas aún en pañales y un sinfín de conceptos que sumados han devuelto a Las Palmas a la primera línea de actualidad. El barco principal de la flota amarilla ya navegaba y el fútbol propuesto por el entrenador cántabro, con su buena mano, lo blindó entre grandes olas para llevarle a aguas tranquilas. Son tranquilas esta temporada también porque los de atrás de la clasificación así lo han querido.

    El adiós de Setién se insinúa prolongado, con diez jornadas de anticipo. Y en el camino, cuando rompe su silencio desoyendo buenos consejos, va sembrando escenas con cristales que se rompen. Es comprensible que aficionados de la UD Las Palmas, por ejemplo, o el propio Eduardo Berizzo -que sepamos sigue siendo entrenador del Celta- puedan sentir contrariedad por lo que dijo Setién con o sin matices aquella noche en la sala de prensa y, más tarde, en la Cadena Ser. Pero el fútbol actual está así: actúan profesionales del deporte, con todas sus consecuencias. Los clubes son empresas y los aficionados, unos románticos. Hay que saber diferenciar a cada protagonista y sus funciones.

    A estas alturas de la película, nos atrevemos a dar un consejo a la dirección deportiva de la UD Las Palmas: Deben contratar un entrenador cómplice con el proyecto, no un técnico preocupado exclusivamente en un equipo o en su escaparate. Que sea cómplice con el estilo de juego, como ha hecho Setién y cómplice también con mejorarlo, porque tiene muchos defectos defensivos o en estrategia. Cómplice con lo que declara sobre su club o empleados, sin que lo dañe públicamente o divida. Cómplice con su cantera, que la proyecte con firmeza. Cómplice con la revalorización de los activos y también con el ambiente de vestuario. Que sea cómplice de por vida y con hechos de lo azul y amarillo. En suma, que siembre en la grada unidad.

    Se va Setién ... y lo hace dejando recados en cualquier dirección menos al presidente del club. Si todo esto es un accidente en el camino, como así parece interpretarse, al final se abrirá la caja negra de la nave. Y, como en tantas otras ocasiones, escucharemos a la tripulación decir lo que ahora no se hace. ¿O sí?. Usamos en el epílogo una de sus frases favoritas: la verdad es el mejor camuflaje.

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