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La contracrónica

Una revuelta está en marcha

Vimos a un Barça venido a menos, por lo propio y el mérito ajeno; y también a un Gran Canaria enorme que, jugando así, tiene derecho a soñar

  • CBGC CAMPO ATRáS
  • 01/04/2017 - 19:58
McCalebb intenta una filigrana después de driblar a varios oponentes del Barcelona (C. Torres)

B. Pérez

La historia de cada temporada se ha escrito de otra manera. El grupo de equipos rebeldes de la Liga ACB están empeñados en modificar algunos argumentos en el vigente ejercicio. Este sábado llegó una confirmación por dos vías:

En la cancha, el Gran Canaria pasó por encima, por momentos, del FC Barcelona. Y confirmó que todo lo que se ha vivido desde el partido final de la Supercopa no fue fruto del azar, ni de una mejor preparación en aquella etapa de la Liga. Ganaba precisamente de paliza al conjunto azulgrana (79-59) y llegaba a las vitrinas del club el primer gran trofeo.

En la clasificación, la revuelta sigue y empeñados están los amarillos, como también el Iberostar de Tenerife, en convertirse en cabezas de serie para el cruce de los play offs. El triunfo de este sábado, en el Gran Canaria Arena, es ya una confirmación de esas intenciones ubicándose en tercer puesto en esta transición que suena a peligro para los tradicionales grandes de la Liga.

Pero hay más que esos dos canales. El Gran Canaria enlazó su octava victoria consecutiva y lo hizo con un primer periodo que fue toda una exhibición de baloncesto de altura. 30 de sus 54 primeros puntos llegaron con la precisión del tiro exterior, en una exhibición de autoestima y de saber qué hacer en una de las facetas que marcan destinos en este deporte.

El narrador de este partido victorioso sobre el FC Barcelona tendrá que contar esta vez el desquiciamiento del técnico azulgrana, incapaz de frenar a un rival que le desbordaba con un baloncesto artístico, paciente y efectivo. Y que le bloqueaba en no pocas intervenciones.

Al Barcelona esta vez no le salvó la mano milagrosa de un Juan Carlos Navarro que va a menos, con evidencia, pero que tiene el descaro aún de cuando era un juvenil. No del poder físico bajo tableros de Ante Tomic, ni la chispa intermitente de Tyrese Rice, exitoso hace dos campañas en el Arena cuando lo visitó en Euroliga con el Khimki moscovita.

Vimos a un Barça venido a menos, por lo propio y por el mérito ajeno. Pero vimos a un Gran Canaria enorme que tiene derecho a soñar jugando así. Y su afición lo sabe.