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Opinión

  • La Liga en Segunda División va a cruzar la frontera del año natural con incógnitas propias. Aún el aficionado general no valora con la profundidad suficiente los cambios tan importantes que se han producido en la estructura interna de muchos equipos en liza; sin embargo, veremos su repercusión en los próximos meses, quizá en las semanas próximas o ya mismo. El tope salarial impuesto a los clubes es un mecanismo que marca: más cantera, menos dispendio. El único club que ha podido firmar para la segunda vuelta hasta el momento es la UD Las Palmas y en ello está también el Betis. Quizá pueda hacerlo pronto alguno más, pero el resto tendría que mover jugadores de su actual nómina, liberar cantidades de la masa salarial, para luego poder reforzarse. No es tan sencillo y los márgenes de error son todavía inciertos. Ese corsé presiona y tiene su influencia en la competición.

    A diferencia de otras temporadas, los problemas habituales de mayo o junio ya se están percibiendo en noviembre o diciembre. Hay plantillas muy justas, que requieren acudir a sus equipos filiales para poder salir a competir con un grupo más reducido de profesionales. Lo que le ocurrió a Osasuna en el Estadio de Gran Canaria, por ejemplo, fue una reiteración. Se quedó con siete licencias profesionales arriesgando una alineación indebida. Antes le había sucedido frente al Alcorcón, donde no pudo realizar más cambios tras dos expulsiones. Estos problemas siguen y no serán exclusivas del club navarro.

    Las plantillas están muy justas, insisto, compitiendo con las mermas habituales de lesiones o sanciones. Y muchos equipos no tienen solución a sus carencias, que pueden ir a más. Por eso no sería extraño que el rendimiento final de los conjuntos, en la segunda vuelta, sea aleatorio, con posibilidad de auténticas sangrías clasificatorias.

    Para mí, tener un plantel como la Unión Deportiva (tiene todas sus plazas profesionales cubiertas) otorga más garantías para la segunda vuelta que otros competidores. Al margen, la calidad futbolística que todos conocemos. Porque además, el equipo de Paco Herrera ha confirmado en estos meses de competición que ha captado muchas de las ideas del entrenador y encaja con soltura los cambios de hombres y rotaciones cuando estas se producen. Sus resultados están ahí.

    Las Palmas es el que ya parece estar en el camino. El Sporting, al que he seguido en la práctica totalidad de sus partidos, ha crecido llevado en volandas por su afición. Sin poder fichar, con un equipo de cantera e ilusionado, también ha mejorado en su juego. Ahora sigue siendo muy seguro, pero en los últimos partidos ha logrado también hacer buen fútbol. Una cosa le ha llevado a la otra. Está en una dinámica muy importante que le puede llevar lejos.

    El Valladolid, al que he considerado como un candidato a tener en cuenta, tiene un problema especial, porque ha de encontrar una pieza de recambio a su delantero lesionado (Roger Martí).

    Y así, uno a uno con un Betis que entra en una etapa nueva con Pepe Mel. Está en proceso todavía aunque cerca de su objetivo.

    Y en medio de toda esta problemática vuelve Jonathan Viera. El Betis le tenía en cuenta pero él ha decidido Las Palmas. Incorporar a un jugador de estas características como refuerzo, tras el panorama que he dibujado en toda la categoría, es un lujo para cualquier equipo. Lo único que queda por saber es su motivación en la vuelta a la Liga, pero en el entorno de la Unión Deportiva y con el tipo de entrenador que le dirigirá intentará ponerse delante. Es un refuerzo muy estimable en medio de las sombras de muchos equipos de la división. La luz que ofrece la posibilidad del ascenso da un plus ahora que se aproxima cada vez más el gran momento de la campaña.

     

     

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