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Opinión

  • Paco Herrera conoce bien el zoco de la Segunda División. No es una afirmación gratuita; en apenas cinco partidos de Liga y unos pocos más de pretemporada ha demostrado que sabe lo que se cuece en los rincones de la categoría. Pero aún más: se ha preparado bien su desembarco en la Unión Deportiva Las Palmas, la ha analizado tan profundamente que parece que lleva años en la entidad. Es como si Herrera supiera que alguna vez su destino profesional iba a ser Gran Canaria y que el equipo al que iba a dirigir y cuya escuela admiraba, debía tenerle bien estudiado para que respondiera luego a su medida. Sabe del carácter del futbolista isleño y de las excelencias y defectos de un escudo que viaja en el tiempo con características y carencias que él ha desmenuzado correctamente, al menos hasta ahora. Y, además, Herrera ha venido perfectamente acompañado por asesores personales que le descubren lo que podría pasarle de puntillas.

    Esta semana de derbi, como si supiera lo del 20-0 de Javier Pérez, el "quiero hundirles" de Rubén Castro, el "nos van a hacer el pasillo en la última jornada" de Concepción o "me silbarían si jugara como el Tenerife" de Lobera, el entrenador ha pedido en el entorno y en interior del vestuario que se extremen las precauciones de lo que se comenta sobre el partido, el equipo blanquiazul o la situación de enojo galopante de sus aficionados. No se conforma con ver que la Unión Deportiva es líder de la segunda categoría, máximo goleador y el segundo menos goleado; que su juego encandila a la afición grancanaria o que tiene un delantero en estado de gracia que vive en los campos de juego un cuento de hadas. Quiere más y eso pasa porque todo esté en orden para jugar el encuentro más señalado de la fase regular.

    A pesar de sus 351 partidos como entrenador en Segunda División, no conoce Paco Herrera cómo es el derbi canario por dentro. Su jugada anticipada sobre el ambiente previo descubre, sin embargo, que sabe no abrir heridas innecesarias porque sus jugadores en el encuentro han de responder con solidaridad propia y respeto a un rival que siempre ha dado la talla en este tipo de encuentros de rivalidad. El análisis táctico y los preparativos de la visita al Heliodoro vendrán a partir de ahora.

    El derbi, en Galicia o aquí, es de esos encuentros en que los técnicos no necesitan explicar mucho a sus jugadores para llenarles de combatividad. No requerirá Herrera hacerles pasar en guagua por Fondos del Segura para hacerles ver la importancia de los puntos en disputa o las emociones que desatan en la marea amarilla. Les quiere centrados, respetuosos y predispuestos a hacer lo que han demostrado que saben hacer. El primer objetivo del derbi próximo es mantener una semana más el liderato y, de camino, borrar el doloroso 3-0 de un partido que entonces se preparó de forma errónea antes, durante y después.

    Respetemos al Tenerife y, después del minuto 92, hablamos del partido.

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